Desde su creación, el herbario de Henri Pittier ha desempeñado un papel fundamental en el establecimiento de la identidad taxonómica de las especies vegetales de Venezuela y de Suramérica en general.
Esta vocación original se mantiene vigente. Hoy en día, sus especímenes continúan siendo estudiados por botánicos, de forma presencial cuando visitan el Herbario Nacional de Venezuela (VEN) o mediante de la consulta de diferentes catálogos en línea asociados a los herbarios internacionales.
El conjunto de especímenes colectados por Pittier alimenta la literatura botánica nacional e internacional, a través de publicaciones sobre nuevas especies, floras o monografías. Teniendo en cuenta la antigüedad de este herbario y la gran diversidad geográfica y ecológica de las especies representadas, es muy frecuente ver sus especímenes citados en los tratamientos florísticos más emblemáticos del país (Flora de Venezuela), o a escala continental (Flora Neotrópica, Flora Mesoamericana, etc.).
Venezuela se encuentra dentro de los diez países más biodiversos del planeta, una riqueza que se refleja en las 15.000-15.500 especies de plantas inventariadas hasta el día de hoy. No obstante, los botánicos nacionales e internacionales son unánimes al afirmar que la diversidad vegetal venezolana está lejos de haber sido documentada por completo.
Estudios recientes demuestran que al menos el 15 % de esta diversidad mundial (estimada en unos 300.000-350.000 especies) aún está por describir. De este porcentaje, al menos un tercio de las especies nuevas para la ciencia ya habría sido recolectado y reposaría en alguno de los 3.300 herbarios del planeta. ¡El herbario VEN es uno de ellos!
Miles de especies desconocidas duermen, por tanto, en estos armarios, bien sea porque los especímenes han sido clasificados bajo un nombre incorrecto o porque la planta ha sido identificada de manera incompleta. De esta manera, cientos de nuevas especies para la ciencia están todavía a la espera de ser descritas. No cabe duda de que los especímenes de herbario colectados por Henri Pittier contribuirán de manera sustancial a ampliar de nuestro conocimiento futuro del mundo vegetal.
Desafortunadamente, quizás sea demasiado tarde para observar algunas de estas nuevas especies en su hábitat natural. Debido principalmente a la degradación de los ecosistemas naturales, no tenemos ninguna garantía de que sus poblaciones estén aún preservadas, o que eventualmente alguna de estas plantas se haya extinguido completamente.
Los herbarios mundiales desempeñan un papel cada vez más importante en la toma de decisiones relacionadas con la identificación de especies en peligro y la conservación de los ambientes naturales, como la protección de una región o establecimiento de una reserva o de un parque nacional, etc.
La información que figura en las etiquetas de los especímenes de herbario proporciona, en muchos casos, los únicos indicios geográficos disponibles que permiten buscar y recolectar semillas de especies altamente amenazadas.
Atribuir a una especie vegetal su nombre correcto y su lugar adecuado en la clasificación sigue siendo el fundamento de la botánica sistemática, ciencia encargada de describir y clasificar el mundo vegetal. Esta labor constituye, además, un requisito indispensable para toda una serie de estudios científicos de carácter aplicado, como la ecología, la agronomía, la farmacia, etc.
Los recientes avances científicos y tecnológicos nos permiten afirmar que el Herbario Nacional de Venezuela (VEN), entidad que alberga en sus armarios la integralidad de los especímenes colectados por Henri Pittier en el país, será cada vez más solicitado para fines de investigación con objetivos que eran completamente insospechados en la época de su creación. Así, el Herbario Nacional de Venezuela (VEN) continúa contribuyendo a la investigación del mundo vegetal a través de una orientación mucho más «pluridisciplinaria».
Al menos seis usos, todos vinculados a técnicas avanzadas, pueden atribuirse a los especímenes del Herbario Nacional de Venezuela. Ocupando los especímenes de Henri Pittier un lugar privilegiado debido a su diversidad taxonómica y a su amplio espectro geográfico y ecológico.
Los botánicos de hoy abordan la clasificación de las plantas a través desde la perspectiva de la evolución. De ahora en adelante, la taxonómica ya no se concibe como una disciplina con un enfoque que aísla a los grupos, sino que refleja un enfoque evolutivo que pone en evidencia las relaciones genealógicas entre grupos aparentemente sin vínculos. Para ello, integra las inmensas posibilidades de la investigación genética.
La investigación sobre las relaciones genealógicas (filogenéticas) entre las diferentes familias, géneros y especies vegetales se ha convertido en una prioridad de investigación para la mayoría de las instituciones botánicas y esto a escala nacional y mundial. Los especímenes del herbario Pittier y conservados en Caracas, así como los que se encuentran en otras instituciones nacionales e internacionales, son cada vez más objeto de solicitudes por parte de botánicos que participan en la reconstrucción filogenética del mundo vegetal.
Hace apenas veinte años, la extracción de material genético (ADN) a partir de especímenes históricos, como los colectados por Henri Pittier, constituía un desafío tecnológico. Hoy en día, esta técnica ha evolucionado lo suficiente como para que la edad del espécimen ya no sea un factor limitante para la obtención de material genético de calidad en cantidades satisfactorias. Dado que cualquier método de muestreo sigue siendo destructivo, estas solicitudes se autorizan con cautela y solo si la cantidad de material vegetal se considera suficiente para no poner en peligro la integridad física del espécimen, del cual solo se puede realizar una única extracción.
El enfoque filogenético de la clasificación ha abierto un nuevo campo de utilización de los especímenes de herbario, altamente ligado a la investigación aplicada: el estudio de los grupos taxonómicos considerados como parientes silvestres de las plantas actualmente comercializadas, tanto para usos alimentarios como medicinales.
La identificación de ciertos genes en estas poblaciones naturales de parientes silvestres tendría un gran interés para el aumento de la productividad agronómica y la adaptación de la planta a condiciones ecológicas en constante degradación, en particular en un contexto mundial de calentamiento global o de resistencia de la planta a los peligros fitopatológicos (hongos, virus, bacterias) de los cuales el monocultivo extensivo es responsable.
Varias familias vegetales, tales como las Brassicaceae (repollos, rábanos, mostaza), las Cucurbitaceae (auyamas, chayotas), las Fabaceae (caraotas, frijoles, vainitas), las Rubiaceae (café) y las Solanaceae (tomates, ajíes, pimentones, berenjenas) son particularmente el blanco de este tipo de investigación, cuya ambición principal apunta a la identificación de una diversidad genética que aún sería desconocida.
Ahora bien, solo las informaciones geográficas que figuran en las etiquetas de los especímenes del herbario, particularmente detalladas en el caso de las colecciones de Henri Pittier, permiten informar a los investigadores sobre la localización precisa de las especies silvestres que presentan parentescos genéticos con las especies comerciales seleccionadas.
Este campo de investigación aplicada ha experimentado un desarrollo decisivo en los últimos diez años y los herbarios nacionales e internacionales esperan un aumento muy importante de solicitudes relacionadas con estas investigaciones.
¿Cuál es el origen y cuáles han sido los itinerarios de las plantas que hoy se consideran dañinas por ser invasoras para nuestro entorno y nuestros cultivos? Estas son las preguntas para las que algunos de los especímenes de herbario colectados por Pittier podrían aportar elementos de respuesta susceptibles de orientar a la aplicación de políticas de conservación.
La valiosa colección de Pittier podría desempeñar a este respecto un papel fundamental, ya que conserva numerosos especímenes muy antiguos que constituyen, en ciertos casos, los primeros registros de estas plantas en Venezuela o incluso en el continente, a menudo consideradas en la época por su valor ornamental.
En este sentido, los especímenes históricos de la colección Pittier marcarían el «kilómetro cero» de su itinerario en el país y facilitarían nuestra comprensión de estos procesos de expansión de las plantas neófitas, aportando a la vez, todos los elementos geográficos e incluso ecológicos, para descifrar sus vías migratorias ene l ámbito nacional.
Los grandes cambios planetarios, en particular el calentamiento global observable en numerosas regiones del mundo, pueden ser detectados y cuantificados a través de información precisa contenida en los especímenes de herbario.
Las detalladas etiquetas redactadas por Henri Pittier contienen informaciones básicas sobre la planta. Por ejemplo, la distribución geográfica (localidad, altitud, etc.), así como la fecha de recolección documentadas por Pittier nos permiten evidenciar cambios fenológicos (ritmos de floración y fructificación) de las especies vegetales, y esto períodos geológicos extremadamente cortos.
La preocupante pérdida de las plantas de alta montaña debido a un aumento de las temperaturas y el evidente adelanto de los períodos de floración y fructificación, que altera tanto la flora nativa venezolana, como los cultivos comerciales, pueden ponerse de manifiesto mediante la información contenida en las etiquetas de los especímenes por Pittier.
Diversos grupos de investigación en el campo climático están comenzando a utilizar la información disponible en línea, gracias a los importantes esfuerzos que las instituciones botánicas invierten en la digitalización de sus colecciones. El Herbario Nacional de Venezuela (VEN) ha participado igualmente en varios de estos programas.
Varios estudios realizados en las últimas décadas muestran una grave pérdida de la diversidad vegetal, hasta el punto de que actualmente los botánicos estiman que casi el 30 % de las especies se consideran amenazadas como consecuencia de la destrucción antrópica de sus hábitats naturales. En un estudio reciente, botánicos del Jardín Botánico de Kew, en el Reino Unido, contabilizaron cerca de 600 especies de plantas como extintas y esto solo desde hace unos 250 años. La extinción de las plantas parecería ser un proceso irreversible y acelerado.
¿Deberíamos resucitar algún día estas especies extintas? A esta pregunta se dedican diversos equipos de investigación, en particular los que mediante la exploración de técnicas de vanguardia permitirían la germinación de semillas almacenadas en los especímenes de herbario. Los resultados actuales muestran una baja tasa de germinación. Sin embargo, podemos imaginar que, en un futuro próximo, los especímenes de los herbarios históricos, incluyendo los colectados por Henri Pittier, proporcionen el germoplasma básico necesario para la reproducción de especies extintas en Venezuela.
Al igual que en el campo animal, las cuestiones éticas y sociales que plantean estas perspectivas son complejas. Aún desconocemos por completo el impacto que esta nueva ciencia podría tener, no solo en las políticas de conservación de las especies actuales, sino también en la biodiversidad en su conjunto.
El herbario Nacional de Venezuela (VEN) formó parte de un gran consorcio científico internacional, compuesto por cerca de 300 herbarios de todo el mundo, que desde 2004 realizó la digitalización de las colecciones tipo (especímenes de referencia utilizados para la descripción de una nueva especie). Este vasto esfuerzo puso en evidencia el inmenso valor de la colección Pittier, que cuenta con más de 5.900 especímenes tipo digitalizados en muy alta resolución y completamente disponibles en línea en los sitios GBIF (Global Biodiversity Information Facility) o JSTOR (Global Plants). El espíritu de apertura científica que inspira este proyecto, al permitir la consulta gratuita de los especímenes por cualquier persona, se sitúa en la filosofía de apertura del Museo Comercial y el Herbario de Henri Pittier.
La importancia histórica y el valor científico del herbario de Henri Pittier, así como del herbario VEN en general, están aún por explorar, incluso después de más de 100 años de su creación. No cabe duda de que vendrán otras formas de uso para estos especímenes históricos y los conservadores de este patrimonio insustituible tendrán la pesada responsabilidad de asegurar la transmisión de este legado a las futuras generaciones de botánicos, al servicio de las ciencias vegetales.
Conservar al herbario Nacional, digno propietario de los especímenes de Pittier es también preservar la memoria de nuestra diversidad vegetal.
Durante toda su vida Henri Pittier desarrolló una gran sensibilidad por el campo de la conservación; sin embargo, es principalmente en los últimos años de su vida que manifiesta explícitamente y de manera pública su visión al respecto. A través de artículos de periódicos o de publicaciones institucionales comparte sus preocupaciones en cuanto a la conservación de los recursos naturales y las graves consecuencias que acarrearía un manejo inadecuado de los mismos.
En el artículo Notas sobre la crisis de agua en la parte central de Venezuela que Pittier publicó en el periódico El Nacional el 10 de junio de 1948 (reproducido en la publicación de F. Tamayo (Imagen y Huella de Henri François, Pittier (1853 [sic] -1950). Publicaciones Intevep, S.A. Caracas, 1985, pp.141-161), nos alerta sobre la necesidad de conservar las selvas de alta montaña debido a su importante rol en la condensación y captación de la humedad atmosférica. En estas notas nos confirma que los bosques de altitud representan las cabeceras de los ríos que irrigan las zonas bajas en las que se desarrollan las actividades agrícolas y el crecimiento urbano.
Apenas un mes antes de su muerte, acaecida en el mes de enero del año 1950, Pittier publicó un auténtico manifiesto de la conservación de la naturaleza en Venezuela. En su obra La erosión de los suelos, sus causas y daños. Ministerio de Agricultura, Dirección Forestal y de Conservación de Suelos, Pittier nos explica de manera premonitoria las importantes crisis alimentarias a los que se enfrentaría la humanidad si no se tomaban medidas inmediatas a la conservación de los suelos, cuya fertilidad disminuye drásticamente con los procesos de erosión provocados por el hombre. Es en esta misma obra, Pittier igualmente enfatiza sobre la necesidad de crear reservas forestales en las zonas boscosas de alta montaña, lo que garantizaría la preservación de las grandes cuencas hídricas necesarias para el desarrollo sostenible de todo tipo de actividad humana.
Desde una perspectiva más aplicada, Pittier nos alerta en esta publicación sobre la necesidad de adoptar practicas agronómicas modernas y que garanticen la protección de la estructura y la fertilidad del suelo. Los efectos nefastos de la práctica del “conuco”, en la que la quema de la vegetación ofrece una fertilidad efímera, son considerados como grandes enemigos de una actividad agronómica rentable y sostenible a largo plazo.
Dos frases publicadas en este libro del año 1949 nos explican su preocupación por la conservación en Venezuela y ponen en evidencia de una manera muy contundente la actualidad de sus ideales:
“La patria es una creación que debemos concebir eterna, y sus riquezas naturales son una parte esencial de la misma. Es obligación nuestra hacerlas llegar a las generaciones que nos sigan, si no aumentadas, al menos no destruidas ni disminuidas” (p. 6).
“Somos solo pasajeros en este mundo y los bienes que hemos recibido de nuestros padres, debemos cuidarlos, cultivarlos prudentemente, gozar de ellos, en fin, pero dejarlos en el mejor estado posible para las futuras generaciones” (p. 9)
Los 45 parques nacionales con que cuenta Venezuela preservan cerca de 23 % de todo el territorio nacional y hacen de nuestro país en uno de los más importantes de Suramérica De Hecho, después de Chile y Bolivia, Venezuela es el país que mayor superficie ha consagrado a la conservación de áreas naturales (Baldi et al. 2019. Nature representation in South American protected areas: country contrasts and Conservation priorities PeerJ7:e7155 http://doi.org/10.7717/peerj.7155)
Varios de los parques nacionales ubicados en la Cordillera de la Costa y en la región llanera se beneficiaron de las exploraciones botánicas realizadas por Henri Pittier entre los años 1919 y 1948. Sus trabajos botánicos lo llevaron a estudiar con especial detalle una vasta región boscosa distribuida entre los estados Aragua y Carabobo y que el paso del tiempo había librado parcialmente de las graves consecuencias de la quema y la deforestación. Sin embargo, estas áreas no estaban completamente exentas de peligro y en ausencia de una figura gubernamental de protección, las crecientes actividades antrópicas terminarían por destruirlas definitivamente.
Fue precisamente bajo el impulso de Henri Pitter que, en el año 1936 el presidente Eleazar López Contreras designó a esta región, cubierta por una vegetación particularmente prístina y diversa, como primer parque nacional del país: el Parque Nacional Rancho Grande. De esta manera, se garantizaba la conservación de la impresionante biodiversidad de la región, representada por una amplia gama de tipos de vegetación, que van desde formaciones xerofíticas litorales (con plantas suculentas adaptadas a climas secos y calientes) hasta la vegetación arbustiva del subpáramo, a casi 2.400 m de altitud (Pico Cenizo).
En este incipiente Parque Nacional, Henri Pittier quedó particularmente fascinado por el área de Rancho Grande, enclavado en el bosque nublado y en donde se encuentra la Estacion Biológica de Rancho Grande (Facultad de Agronomía de la UCV). En este lugar, desde finales de los años 40, innumerables equipos de investigadores nacionales e internacionales han realizado estudios de vanguardia sobre la ecología del bosque montano tropical.
En el año 1921, Pittier describió una especie emblemática del bosque nublado de Rancho Grande conocida como “cucharon” o “niño” (Gyranthera caribensis Pittier, Malvaceae). La preservación de este coloso del bosque, que puede alcanzar hasta 60 m de altura, así como de las demás las especies animales y vegetales que allí habitan, está resguardada gracias a los esfuerzos pioneros de conservación iniciados por Pittier hace más de 100 años.
En homenaje a este precursor de la conservación en Venezuela, en el año 1953 el gobierno nacional renombró esta área protegida como Parque Nacional Henri Pittier, considerada hoy en día como una de las áreas protegidas de mayor diversidad biológica del mundo, no solamente en cuanto a su riqueza vegetal sino a su enorme diversidad de animales vertebrados e invertebrados.
Henri Pittier comenta en las Notas sobre la crisis de agua en la parte central de Venezuela que publicó en el periódico El Nacional el 10 de junio de 1948 (reproducido en la publicación de F. Tamayo (Imagen y Huella de Henri François, Pittier (1853 [sic] -1950). Publicaciones Intevep, S.A. Caracas, 1985, pp.141-161), algunos elementos que nos permiten entender el incierto proceso de creación del Parque Nacional que hoy lleva su nombre.
“Entonces escribí al general López Contreras, encargado de la presidencia, insistiendo sobre la importancia de hacer inenajenables todos aquellos bosques que se extienden de norte a sur entre las playas del mar y las llanuras de Aragua, y de oeste a este entre la línea fronteriza Carabobo-Aragua y el pico de El Cenizo. Esto, en mi concepto, debía ser la primera reserva forestal en Venezuela. No me hacía grandes ilusiones frente a ese atrevido paso mío, de modo que fue grande mi sorpresa y mi satisfacción, cuando el 13 de octubre de 1936 salió el decreto ejecutivo, haciendo parque nacional de todo el territorio descrito”.